Siempre nos amenazan con que, si implementamos la fiscalidad justa (potente, progresiva y redistributiva) que España (y Europa) necesita, eso provocaría una fuga de capitales. Las clases adineradas, quienes poseen grandes fortunas, sacarían su dinero del país. Al margen de la retórica chantajista... Ahí lo dejan caer, para que nuestro subconsciente intuya: la fuga de capitales es algo malo. Menos capital "en el país" es peor que más capital. Parece obvio. ¿Por qué? La intuición (o la propaganda) nos puede decir: porque el capital se invierte en la economía y produce puestos de trabajo, aumenta el consumo de bienes y servicios, aumenta el PIB...
Cuidado con lo que parece obvio. Pues puede ser falaz, ya que la intuición o la propaganda se quedarían cortas o sesgadas, respectivamente. No todo el capital se destina a los mismos fines en las mismas cantidades.
Hay aquí algunas cosas que debemos recordar.
En la economía actual, tras el fordismo, estamos en un escenario mercantil de sobreoferta. Es decir, la Oferta ofrece mucho más de lo que la Demanda demanda, valgan las redundancias. De ahí, entre otras cosas, la enorme inversión en Marketing (en castellano, Dirección comercial) de las grandes empresas transnacionales. Invierten mucho en Marketing porque sus productos y servicios compiten en mercados saturados. El conjunto de consumidores tiene múltiples opciones sustitutivas entre sí en las que gastar su renta (escasa para como podría ser en el 90% de los casos, esto es, en las clases populares) y, cuando lo haya hecho, quedarán estanterías y almacenes llenos de producto que no se ha conseguido colocar. Precisan del Marketing para seducir al consumidor, que puede escoger, de forma excluyente, entre una gran variedad de productos. También surgen de esa sobreoferta otros fenómenos, como p.ej. las marcas de distribuidor (marcas blancas), las temporadas de rebajas, las tiendas outlet...
Otra cosa. Del mismo modo que cada persona no hace lo mismo con cada unidad monetaria adicional que recibe, cada persona no hace lo mismo con cada unidad monetaria adicional que invierte o que gasta. Lo primero se puede medir, entre otros modos, con los índices de propensión al consumo y propensión al ahorro. Lo último puede medirse atendiendo a la diferente composición de la cesta de la compra de cada persona. Es en lo segundo sobre lo que pondremos hoy el foco: en la inversión.
Hemos de recordar (la realidad) que cada persona, cada agente económico doméstico, no ocupa la misma posición en el mercado (del producto que sea, en el mercado en general). Comprenderemos entonces que no se comportan del mismo modo al invertir 1 € adicional recibido:
a) quien tiene en su cuenta corriente 0 €, o
b) quien tiene en su cuenta corriente 20.000 €, 0
c) quien tiene en su cuenta corriente 100.000.000 €
Nos ofrece el excelente prof. Navarro López en uno de sus últimos artículos una glosa de algunos otros que, a su vez, él ha leído:
(...) la enorme cantidad de dinero que tienen los súper ricos no se invierte en lo que se llama economía productiva, es decir, donde se producen puestos de trabajo (...) Sólo un 1% se invertía en el establecimiento de nuevas empresas que produjeran empleo. Otros estudios han llegado a conclusiones semejantes. En la encuesta Mendelsohn Affluent Survey alcanza un porcentaje sólo ligeramente superior, un 2%. En realidad, en un sorprendente momento de franqueza del medio más cercano al mundo financiero, el Wall Street Journal, indicó que el gran impacto positivo para las rentas superiores que supuso el gran recorte de impuestos para los súper ricos que aprovó la administración Bush “condujo al peor periodo de creación de empleo en la reciente historia del país” (citado en “Three Big Lies of the Super-Rich”, de Paul Buchheit).
¡Sólo entre un 1% y un 2% del dinero de las clases adineradas (las mal llamada clases altas) invertidos en actividad que cree empleo!
¿Fuga de capitales?, nos intentan atemorizar cuando planteamos que necesitamos una fiscalidad justa: progresiva (no regresiva), potente y redistributiva.
¿De qué capitales?, podemos responder. ¿Del 90% que usan las clases adineradas en la dañina especulación (o, en el mejor de los casos, inútil a efectos sociales o de interés general)?
¿O del 1% que usan dichas clases en montar empresas con necesidad de emplear trabajadores? Atención al aparentemente forzado sintagma. Necesidad de emplear trabajadores: pues, en realidad, las empresas no crean puestos de trabajo; ellas compran fuerza de trabajo (grosso modo: habilidades, etc.) y los trabajadores la venden.
El capital especulativo bien puede darnos igual que se marche. No está haciendo nada de utilidad en el país. Antes trae problemas: como las burbujas de precios. El productivo es el que nos interesa. Y es el que más barreras de salida encuentra. No se rompen contratos (de edificios, de maquinarias, de personal...), no se abandonan inversiones (investigación de mercados, conocimiento de marca...) con expectativas de ganancia, aun con una fiscalidad justa socialmente, de la noche a la mañana.
Ejemplos de eso último podemos encontrar varios.
Las economías escandinavas del período 50-80, quién las tuviera, tenían una fiscalidad mucho más justa y potente que la de las economías europeas periféricas, la de los países GIPSI (Greece, Italy, Portugal, Spain, Ireland), mal llamados, insultantemente, PIIGS (homófono a "cerdos" en la lengua de Shakespeare). ¿Se produjo fuga de capitales productivos de tales economías a España, p.ej.? Aún la estamos esperando.
Hoy por hoy, tales economías continúan teniendo una fiscalidad mucho más justa (exigente y redistributiva) que la mayoría de países p.ej. africanos o asiáticos. O que España. O que "paraísos fiscales" (cuevas del tesoro pirata) como p.ej. Suiza, Andorra, Gibraltar, Islas Caimán... Siguiendo el dogma neoliberal, los países nórdicos escandinavos deberían estar descapitalizados. Y Alemania. Y Francia. No es así. Más bien sucede al contrario.
Finalmente, hace pocos años la República de Brasil comenzó a desarrollar unas políticas públicas expansivas y redistributivas. De un corte parecido a las que fueron abortadas por la genocida e imperialista Operación Cóndor, que derrocó al Pte. Goulart y terminó asesinándole, ya en el exilio. Entre esas políticas se incluía una fiscalidad más exigente para la especulación financiera. ¡Fuga de capitales!, intentaron intimidar a la Admón. Lula. ¿Se produjo fuga? Más bien no.



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