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domingo, 6 de mayo de 2012

Empresas cooperativas sin ánimo de lucro



Escribía Dº Ibarra algo interesantísimo sobre las empresas cooperativas en esa conversación en el blog del prof. Mesa que se lleva produciendo las últimas semanas. En cuanto pueda lo volveré a leer con más detinimiento. ¡Hay tanto por aprender!

Haremos una glosa, lo mejor que nos permita la memoria, de lo que explicaban en aquella conferencia en la Plaça de Catalunya que decíamos el otro día sobre el cooperativismo sin ánimo de lucro. Decía el ponente:


a) Todo trabajador es también dueño de la empresa. Al margen de las posibles especializaciones funcionales, por ejemplo en gestion, las principales decisiones de gobierno empresarial se toman democráticamente: un trabajador, un voto (a diferencia de la decisión capitalista de: una acción, un voto; de modo que los más ricos pueden tener más votos en la Junta).


b) La retribución percibida por el trabajo está también a medio camino en el concepto de salario y de dividendo. Es variable: oscila entre cero (en caso de pérdidas), lo cual la hace similar al caso del accionista, y entre una cantidad variable (según beneficios) que, en cualquier caso, tiene un límite máximo estatutario (creo que un múltiplo del SMI, como p.ej., digamos 5*SMI, lo cual puede ofrecer una cantidad máxima muy aceptable mas nada opulenta), lo cual ya se asimila en parte a un salario.


c) La diferencia, la horquilla, entre la retribución que percibe el trabajador que menos cobre y el que más cobre está fijada restrictivamente. Creo recordar que nos decían que en una proporción 1:3.

De esto y de lo anterior, puede verse que, p.ej., si quien más cobra (pues no todos cobrarán exactamente igual), en caso de que cobre ya el máximo permitido por la empresa cooperativa, lo hace en 5*SMI, que digamos que es igual a 4.000 € mensuales para este ejemplo, entonces quien menos cobre lo hará en 1.333 € mensuales (1/3).

Si hay beneficios suficientes para pagar dichas retribuciones estipuladas, se paga a todos. Si no hay beneficios suficientes para ello, se paga a prorrata a cada cual. Si hay pérdidas y no se puede pagar, ese mes no cobra nadie (como contrapartida al trabajo sin remunerar, no hay despidos ni reducciones de plantilla).


d) En caso de que haya margen para subir salarios (porque aún no se haya alcanzado dicho máximo estipulado estatutariamente, que en mi ejemplo era de 5*SMI = 4.000 €), si se sube la retribución de un trabajador, se debe subir entonces también la de todos en proporción.

Lo mismo si se baja la retribución de un trabajador: se baja la de los demás en proporción. Todo ello siempre dentro de esos mínimos, máximos y demás condiciones que decíamos.

P.ej.: si un trabajador pasa de cobrar 3.500 €/mes a cobrar 4.000 €/mes, lo cual supone un incremento del 14,29%, entonces la retribución de todo trabajador se aumentará también un 14,29%. De nuevo, siempre dentro de los límites máximos antes aludidos y demás condiciones.


e) Esta empresa cooperativa tiene como objetivo, tras su supervivencia (económica, pudiendo variar, no obstante, el bien o servicio que se dedique a producir), no el aumento máximo posible del beneficio empresarial a repartir en dividendo (como en la empresa capitalista tradicional), sino la creación de puestos de trabajo.

De esto y lo anterior se concluye que, si hay excedente de beneficio tras haber retribuido el trabajo, entonces puede aumentarse la cuantía de esa retribución dentro de los límites y condiciones estatutarios, propios de esta clase de empresa.

También, si hay excedente de beneficio, entonces debe mantenerse la empresa bien dotada de reservas (para activos tales como maquinaria, amortizaciones, etc.).

Si continúa habiéndolo, entonces debe ir ampliándose la plantilla de trabajadores-dueños.


Hasta aquí la glosa. No las tengo todas conmigo sobre si he resumido todo lo que se dijo allí sin dejarme nada y si, además, lo he hecho fidedignamente.

Obviamente, como a todo modelo, siempre se le podrán hacer críticas. P.ej., el modelo de economía de mercado llamado de competencia perfecta ha demostrado ser bastante alejado de la realidad (con infinitos productores y consumidores precio-aceptantes, con información completa y perfecta, con productos no diferenciados...). En la realidad no se da en ningún caso.


Yo haría algunas consideraciones a la glosa sobre ese modelo de empresa cooperativa.


1) junto al aumento de la retribución económica por el trabajo si aumenta el beneficio, plantearía la reducción de horas de jornada (hasta las cuatro horas diarias, más o menos).

Es otro modo de contribuir tanto al aumento del poder adquisitivo, como a la creación de puestos de trabajo, como al bienestar.


2) si al objetivo de creación de puestos de trabajo le añadimos la consideración de "útiles a la sociedad", creo que tocamos algo que quedaba desatendido. Una de las tres grandes preguntas de la Economía: qué producir (las otras creo que eran cómo producirlo y cómo distribuirlo).

En el modelo de Economía de mercado esas preguntas las responde el mercado y la empresa privada con ánimo de lucro que compite en el anterior. En la Economía de planificación central, son respondidas por el Estado planificador.

Si fuera posible definir ese "trabajo útil a la sociedad", creo que estaríamos añadiendo algo desatendido tanto en este modelo de organización empresarial cooperativa como, mucho más aún, en el modelo de trabajo asalariado configurado desde la óptica capitalista. El trabajo capitalista se hace a cambio de un salario en una empresa que busca maximizar su lucro mediante la competencia mercantil.

Ese "trabajo útil a la sociedad" bien podría acabar casando con el sueño del Ser Humano sujeto ilustrado, quien trabaja para humanizar el Universo y vivir todos mejor cada vez. Sería un trabajo que nunca se acabaría, pues necesitaríamos constante adaptación al medio y, también, buscaríamos el bienestar, concepto éste tomado desde un punto de vista dinámico, es decir, que cada lo sociedad, en cada época, lo define de modo diferente.

Sin añadir esa consideración de utilidad social al objetivo empresarial cooperativista de "creación de puestos de trabajo", la pregunta de qué producir continúa siendo respondida en cierto modo por el mercado. Y su criterio es el del ánimo de lucro. Ya sabemos que este criterio puede amparar tanto cosas deseables como otras indeseables, p.ej.: maltrato animal, guerras, etc. P.ej.:el aumento de guerras o incendios forestales puede tener un impacto beneficioso en el PIB, lo cual pone en evidencia la ceguera de usar tal criterio como timón. Sin incluir la susodicha consideración sobre la clase de trabajo útil socialmente (el cual determinaría la clase de producción económica que se realizaría), creo que estaríamos modificando el ánimo de lucro de los trabajadores-propietarios, pero no el ánimo de lucro capitalista respecto a qué se está produciendo empresarialmente. Por eso lo señalo.


3) ¿Cómo definirlo? ¿Quién lo hará? Mi respuesta ha de pasar por la Democracia (lo deciden todos y cada una) y la Razón (de la forma más racional posible). No se me ocurre nada mejor.

Si miramos hacia algunos intentos pasados de dar una definición, podemos ver p.ej. el fracaso que fue la URSS estalinista, donde, en Economía de planificación central, un Estado dominado por élites burocráticas (a algunos, como a Bertrand Russell, se les cayó el alma a los pies al conocer el fiasco que fue aquello, respecto a lo que parecía prometer en sus inicios) pretendió imponer qué era útil socialmente, según el criterio de aquellos déspotas.

Por supuesto, el reparto de la producción económica distó de ser equitativo, además. Muchos lo han llamado Capitalismo de Estado. En términos de plusvalor (aún me falta leer más sobre esto para opinar con más fundamento), el Estado se quedaba con el mismo, en lugar de devolvérselo al trabajador. En la fabulosa "1984" orwelliana, hacen una semblanza demoledora llamándolo Colectivismo oligárquico.


4) Quizá un ejemplo más exitoso de definición de qué es ese trabajo útil socialmente lo encontremos de nuevo, aunque sea parcialmente, en los Estados que han ido implementado de manera estable políticas públicas propias del Socialismo democrático.

Los liberales preguntaban: ¿cómo decidir qué ha de ser un servicio público del Estado del bienestar? Planteaban la cuestión de que el bienestar era subjetivo, relativo, de que no todo individuo valoraría igual las mismas cosas y que, por tanto, elevar a la categoría objetiva de bienestar algunas de esas cosas discutibles y, como contrapartida, establecerlas como deberes tanto del Estado al prestarlas, como de toda la sociedad al financiarlas impositivamente, era despótico.

Respondían los socialistas democráticos que la forma en que se establecía la respuesta a esa pregunta era la Democracia (la mayoría social votaba a unos partidos con unos programas políticos previamente presentados en campaña electoral con la necesaria honestidad y seriedad; el último sintagma lo añado pensando especialmente en el actual Gobierno de España) y la Razón (ejercitada mediante la decisión del electorado, mediante el debate parlamentario, mediante el sometimiento de todos, incluido el Estado, al racional sistema jurídico, es decir, mediante el uso de un Estado de Derecho...).

Al hacerlo de este modo, además, el Estado del Bienestar adquiría un carácter dinámico (se iba adaptando a las nuevas demandas sociales de cada tiempo) y, normalmente, de tendencia expansiva. No era pues despótico, sino democrático, al ponerse de acuerdo la mayoría social (la cual generaba la mayoría parlamentario-gubernamental) en que deseaban tales o cuales servicios públicos universales para su Estado del bienestar.


5) Quizá la definición de esos trabajos útiles socialmente sobre los que yo me interrogaba podría hacerse de un modo similar, a través de la Democracia y la Razón. Esto es, yendo más allá de cómo los socialistas democráticos definían qué sería y qué no un servicio público de Estado del bienestar: abarcando también la definición de las demás clases de trabajo, que podrían ser prestados por dichas empresas cooperativas sin ánimo de lucro.


Todo las consideraciones que he añadido tras la glosa no las he reflexionado mucho, en cualquier caso. Las he escrito de un tirón. Tendrán puntos débiles que no se me habrán ocurrido.

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