Nos dicen en Otro Tiempo:
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Si Annie Kenney y Christabel Pankhurst vivieran hoy, seguramente entre sus demandas figuraría ésta, una lucha que no podemos dejar de lado en nuestra agenda política. La foto original es de la primera década del siglo XX, en plena efervescencia del movimiento sufragista en Inglaterra. El cartel que portaban entonces decía: "Votes por women". Nos gusta "intervenir" imágenes, una manera de resignificar conceptos y hechos importantes de la historia.
Otro Tiempo: ¿Te atreves a vivirlo?
Feminización de la pobreza. Hemos de tener presente que la pobreza (y, por tanto, tampoco la riqueza, que es la otra cara de la moneda) no se distribuye de manera uniforme, no afecta a todas las personas por igual.
Afecta más en unos países que en otros, afecta más a unas etnias que a otras, afecta más a un sexo que a otro (a través del constructo social que es el género), afecta más a unas clases sociales que a otras...
Y todos esos factores no son compartimentos estancos, sino que tienen intersecciones cada uno en los demás.

Así, lo tiene muchísimo peor p.ej. una mujer transexual negra trabajadora que viva en un país no industrializado que p.ej. un hombre blanco heterosexual súper rico que viva en un país altamente industrializado. Se ve claro, ¿verdad? Intuitivamente tod@s podemos valorar una probabilidad de ventajas o de desventajas muy diferente para cada uno de los casos hipotéticos esbozados.
Y el sexo femenino (cosa natural), al que se superpone el género social femenino (construcción social), tiende a sufrir la pobreza con más dureza que las personas de sexo masculino, quienes tenderían a verse beneficiadas cuando se les superpone el género social masculino. De ahí que se hable de feminización de la pobreza: porque, afectando a individuos de ambos sexos, si fijamos igualdad del resto de condiciones (ceteris paribus), la tendencia es que la desigualdad se cebe más contra el género femenino.
Género social y clase social, construcciones artificiales, y las diferencias abismales entre ellos estarían trayendo más defectos que virtudes a nuestra vida en sociedad. Por ende, demócratas que así lo consideramos entendemos que nuestro deber es trabajar por reducir todo lo que se pueda dichas diferencias, andar el camino de la progresiva erosión de esas construcciones sociales hasta, si fuera posible, su destrucción. Reputamos injustas e indeseables las desigualdades de género (también de etnia, de clase, de ideología, etc.) y consideramos que deben ser corregidas. Por ello se nos podrá llamar quizá feministas, socialistas, laicistas, humanistas... Las etiquetas nos parecen lo de menos. Lo importante son los contenidos.
Nos decía a propósito de la imagen que encabeza la columna nuestra amiga G. A.:
NUNCA TENDREMOS EL DERECHO QUE MERECEMOS,AUNQUE ANIMA Y SE AGRADECE VER LOS CAMBIOS TAN GRANDES DE ESOS TIEMPOS A ESTOS.Y LO LUCHADORAS Y ATREVIDAS QUE FUERON ESAS MUJERES EN ESOS TIEMPOS,PERO AUN HAY LUGARES EN LOS QUE LA MUJER NO PUEDE NI HABLAR NI CASI RESPIRAR SIN PERMISO¿TU CREES QUE CAMBIARA ALGUN DIA?
A lo que respondíamos:
Creo que es un camino que debemos ir recorriendo, día a día, una generación heredando el trabajo de la anterior y legándole el que ella añada a la generación siguiente: el camino de la no dominación, de la liberación como destrucción de las dominaciones. La no dominación por etnia o por país, la no dominación por religión, la no dominación por género, la no dominación por clase social o por dinero...




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